Filosofar es aprender a pensar por uno mismo

Filosofar es pensar por uno mismo; pero nadie puede lograrlo verdaderamente sin apoyarse en el pensamiento de otros…

La filosofía no es una ciencia, ni siquiera un conocimiento; no es un saber entre otros: es una reflexión sobre los saberes disponibles.

Por eso la filosofía no se aprende, decía Kant: sólo podemos aprender a filosofar. ¿Cómo? Filosofando nosotros mismos: preguntándonos por nuestro propio pensamiento, por el pensamiento de los demás, por el mundo, por la sociedad, por lo que la experiencia nos enseña, por lo que ésta nos oculta…

Nadie puede filosofar por nosotros…Filosofar es vivir con la razón, que es universal… Pero la filosofía es también, y quizás fundamentalmente crítica de las ilusiones y los prejuicios, de las ideologías.

Toda filosofía es lucha. ¿Sus armas? La razón. ¿Sus enemigos? La ignorancia, el fanatismo, el oscurantismo. ¿Sus aliados? Las ciencias. ¿Su meta? La felicidad, pero en el seno de la verdad…

La cuestión principal: ¿Cómo he de vivir? En cuánto se intenta dar una respuesta inteligente a esta pregunta, se está haciendo filosofía.

André Comte-Sponville, “Invitación a la filosofía”

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Unos minutos de silencio mental

Un día en que mi mente se silenció por un ratito pude observar:
Que me voy a morir sí o sí.
Que “hoy” estoy viviendo, que “hoy” existo, que “hoy” soy y que hay millones de almas que hoy ya no están, que no tienen la posibilidad de hacer lo que hago, que ya tuvieron su oportunidad,
Que mis problemas no son “nada” para el universo, ni una mísera gota en el océano.
Que si lo que busco es ser feliz voy a ser un infeliz. La felicidad no se busca, es cómo el aire, se respira en el momento.
Que no puedo sentirme siempre bien. Si así fuera no sabría ni la diferencia entre estar bien o mal. Solo conociendo la tristeza disfruto la alegría. Si extraño a mi madre y mi abuelo es porque los disfruté. Dos caras de una misma moneda.
Que es mejor aceptar que se hace lo que se puede con lo que se tiene porque cada uno es fruto de sus genes y experiencias.
Que la mejor manera de aprender a vivir es mirar a los chicos.
Que el “ruido” en el que vivo me hará olvidar todo esto en cualquier momento, hasta el próximo silencio.

Gus Marino Aguirre

¿Hay que ser feliz?

Hay ideas, creencias y mandatos que de acuerdo a las épocas se nos imponen cómo naturales. Su verdadero poder radica en que no se los cuestiona ni se los somete a una discusión seria, sino que se los adopta sólo porque nos parecen obvios, aunque a veces esto pueda resultar peligroso.

Una de esas creencias que en el mundo de hoy casi no se discuten es que “hay que ser feliz”. Es algo que se nos plantea o propone “casi” como un “deber”.

Hace pocos días preguntamos en la página de “Dale! que podés”: ¿para que pensás que estamos en este planeta? Sobre 1200 votos y 50 opciones de respuesta ganó una claramente: “estamos en este planeta para ser felices”.

¿Realmente será tan así? ¿Pensar eso nos ayuda a conseguir ese objetivo?

Si andamos por la vida pensando que en primer lugar estamos en este planeta para ser felices… ¿No nos estaremos generando una fuerte exigencia, una carga muy pesada para cumplir? 

Si consideramos natural a nuestra especie el tener que ser felices podremos llegar a creer en varios momentos de nuestra vida que algo está fallando en nosotros: ¿que haremos cuándo empecemos a envejecer? ¿cuándo nos enfermemos? ¿Qué nos va a pasar cuándo empiecen a morir nuestros seres queridos? ¿y si perdemos el trabajo? ¿y si fracasamos?  ¿y si nos dejan? ¿y si antes que nosotros muere un hijo?

Adoptar como necesario un objetivo tan difícil de alcanzar no creo que nos ayude verdaderamente a vivir bien con lo que tenemos a mano.

Pareciera que hoy está fuera de moda sufrir o estar triste, aunque paradójicamente hay cada vez más gente deprimida.

Quizás nos estemos olvidando que nuestra vida necesariamente va a ser un cúmulo de altos y bajos, blancos y negros, alegrías y tristezas … y que eso es lo que verdaderamente la hace interesante y digna de vivir: “…para ser felices también tenemos que vivir experiencias malas, si fuéramos felices constantemente no distinguiríamos la felicidad” nos dice el filósofo español Fernando Savater. Ahí puede llegar a estar el desafío: “Es la victoria sobre el sufrimiento lo que nos vuelve felices, es la metamorfosis del sufrimiento en obra de arte, es la propia obra la que nos vuelve felices…” expresa hoy el famoso neurólogo y psiquiatra Boris Cyrulnik.

Aunque no lo comparto, no estoy criticando al que tiene cómo primer objetivo en la vida el ser feliz. Lo que digo es que esa “expectativa” le va a terminar jugando en contra. Hace ya muchos años Schopenhauer con su realismo extremo nos decía que el medio seguro de no llegar a ser muy infeliz es no pretender ser muy feliz…

Resumiendo… el mandato social que “hay que ser feliz” es una creencia que no nos ayuda a ser felices, sino todo lo contrario: nos vuelve un poco más infelices y porqué no, quizás también más egoístas…aunque eso de para otra discusión…

Gus Marino Aguirre

Maestros de la vida

Cita

Bailan, cantan, juegan, gritan, dibujan, imaginan, lloran, ríen, se asombran y admiran. Todo lo hacen al 100%… 

Nosotros les enseñamos que… mejor que bailar es observar, mejor que cantar es no hacer el ridículo, mejor que gritar es susurrar, mejor que dibujar es escribir, mejor que imaginar es ver la tele , mejor que llorar es aguantarse, que cuando creces ya nada te asombra y que para reír es “obvio” que necesitas un motivo

Les mostramos a los chicos como “ahorrar” vida y ellos sin darse cuenta nos recuerdan como hay que “gastarla”.

Gus Marino Aguirre

“Tenés que ser normal”

A veces actuamos conforme a ciertas “ideas” o “mandatos” que consideramos tan obvios que ni nos gastamos en analizarlos. Puede ser una frase o una sola palabra pero lo más importante es la “fuerza silenciosa” con que se imponen en nuestra conciencia.

En mi caso, el sólo hecho de haber pasado mi infancia y adolescencia en una escuela cuyo nombre era “Escuela Normal” ya de por sí fue razón suficiente para no dudar que uno de los objetivos “obvios” que tenía que seguir era “ser normal”.

Pero… ¿Qué es ser normal? ¿Existe la normalidad? ¿Uno es normal con respecto a qué?

“Normal” es un término por el que se denomina a cualquier ser vivo que carece de diferencias significativas con el grupo al que pertenece. Estadísticamente hace referencia a un determinado promedio, por lo que, cuanto más alejado del mismo, más anormal será el individuo.

Normal viene de “norma”, de “ley”, y presupone una regla en virtud de la cuál el individuo deberá someterse para ser considerado incluído en un grupo.

En la naturaleza, hay ciertas leyes que son tan fuertes en cuánto a su repetición que los científicos consideran “normal” determinadas conductas, pero… ¿Qué pasa con las conductas de los hombres? ¿Podemos extrapolar los parámetros que se usan al analizar las conductas de los animales con las nuestras?

Históricamente es lo que se ha hecho. Cada vez que un grupo de hombres intentó justificar ciertos comportamientos cómo “normales” se decía que además eran “naturales”, para reforzar aún más la importancia de lo “que se debía hacer” y justificar la prohibición de lo “anormal” como “antinatural”.

Se discutirá que quizás en algún caso extremo, como el de los instintos maternos, pueda existir una conducta cercana a lo “natural” o “normal”, aunque habría que ver si Freud estaría tan de acuerdo.

Para los españoles los indios no eran normales, para los heterosexuales los homosexuales no eran normales, para los blancos los negros no eran normales y así sucesivamente.

“Normal” es una palabra peligrosa”: Lo “anormal” se asocia al “miedo” a lo diferente: no sabemos qué hacer con eso, cómo manejarnos… es algo que no podemos “controlar” y nos provoca incertidumbre.

“Normal” también es una palabra “poderosa”. Cualquier grupo humano dominante la usará para legitimarse y perseguir lo diferente.

Hoy, “normal” sigue siendo una “puerta” de ingreso a la discriminación. El “anormal” para algunos podrá ser un niño con síndrome de down o quizás cualquier persona que actúe diferenciándose de los demás.

Vuelvo al inicio… “tenés que ser normal” es un mandato escolar, social, y quizás familiar que se efectúa desde el miedo a lo diferente. Es un mandato “triste”, “mezquino”, con pocas “aspiraciones” que te lleva a ver la vida en “blanco y negro”.

Tener que ser “normal” es “resignarse” anticipadamente a lo conocido, es “empatar antes de empezar”, es pensar un fútbol sin Messi. Todos sabemos que la magia no es normal.

Gustavo Marino Aguirre

¿Te enteraste lo que están diciendo de vos?

Una extraña sensación se produce cuando te enteras que alguien te critica o habla mal de vos. Mezcla de calor, indignación, ganas de contestar lo que consideras injusto, de aclarar la mala información, etc… Hoy, en la era de las redes sociales este sentimiento se amplifica…más gente se entera, más gente opina y para algunos una opinión ajena puede llegar a producir un verdadero infierno en su mente. Tan aterrador puede ser el “que dirán” que algunos  optan por el bajo perfil y hasta dejar de opinar o actuar sólo para no ser criticados.

Epícteto, filósofo estoico que nació esclavo hacia el año 55 d.c. y llegó a ser maestro de  un conocido emperador romano decía: “No tengas miedo de los insultos ni de las críticas. Sólo los moralmente débiles se sienten obligados a defenderse o explicarse ante los demás. Deja que la calidad de tus actos hable en tu nombre. No podemos controlar la impresión que los demás se forman de nosotros, y esforzase por hacerlo sólo degrada el carácter.  Así pues, si alguien te dice que una persona determinada te ha estado criticando, no te molestes en excusarte o defenderte. Limítate a sonreír y responde: Supongo que esa persona no conoce mis demás defectos. De no ser así no habría mencionado sólo esos”

¿Se refiere a que hay que ser un necio y no escuchar las críticas? No. Lo que nos está diciendo es que no perdamos el tiempo, que es inútil querer controlar las opiniones de los demás. Hagamos lo que hagamos, siempre habrá alguien que nos va a criticar y ese será el momento en que deba aparecer nuestra convicción y confianza en lo que hacemos.

Tener miedo a la crítica es reconocer de antemano que nuestra felicidad o tranquilidad va a depender de lo que digan los demás, es casi como “pedir permiso” para vivir.

Por si no quedara claro, el filósofo se refiere en especial a los casos en que alguien viene a contarnos que nos están criticando, lo que hoy llamaríamos un “chisme”. Defendernos o excusarnos de algo así es cómo pelear contra un “monstruo” imaginario, imposible de derrotar. Nunca sabremos que color y forma va a tomar. Es una pérdida de tiempo, cualquier persona que de chico haya jugado al teléfono descompuesto lo ha vivido.

Oscar Wilde, repitiendo el consejo del filósofo, con su especial humor e ironía, ya cansado de las persecuciones y “habladurías” de la sociedad en que vivía decía: “resulta de todo punto monstruosa la forma en que la gente va por ahí hoy en día criticándote a tus espaldas por cosas que son absolutamente y completamente ciertas”

Tomándolo con humor, con la humildad de saber que no somos perfectos, de entender que el otro no nos conoce realmente y que en el fondo nadie tiene un “manual para vivir”.

Quien esté libre de culpa, que tire la primera piedra… o el primer “chisme”…

Gus Marino Aguirre

“La última utopía de nuestra era hipermoderna es la seguridad”. Gilles Lipovestky

Filósofo y sociólogo francés contemporáneo que se ha especializado en el estudio de la sociedad posmoderna y su problemática (consumo, individualismo, cultura de masas, hedonismo, moda, medios de comunicación, culto al ocio, etc) Profesor  de la Universidad de Grenoble.

En la “Era del Vacío” y en el resto de sus escritos analiza a la sociedad postmoderna, señalando que ese concepto ya no alcanza para definirla y que hoy vivimos una “profundización” del individualismo (hiperindividualismo) que nos trae a la era de la  hipermodernidad.

Extracto del reportaje publicado en Revista Ñ (14-12-11)

-¿Se enfada si le llamo filósofo light?  -No es amable: cada libro me cuesta cinco años de trabajo, pero no me enfado porque ¿qué es light? Lo que antaño se consideraba light –el fútbol, la moda, la publicidad, la tele– hoy mueve más dinero, poder e influencia que la “industria pesada”.

-¿Por qué hoy todo es light?  -Sólo en apariencia: debajo sigue habiendo una realidad muy heavy. En el anuncio de un banco no hay números, sino sólo gente sonriente, flores, niños y perros. Pero si uno no paga la hipoteca dormís en la calle. En cambio, si el banco no paga sus deudas, las acabamos pagando nosotros.

-Debemos aprender que nada es gratis. -Por eso, debajo de todas esas sonrisas light, hay realidades pesadas: desempleo, frustración, pobreza, soledad, miedo. Vivimos la hipermodernidad del miedo. Y mucha ansiedad. Por eso, la última utopía de nuestra era hipermoderna es la seguridad.

-Siempre deseamos lo que no tenemos. -Queremos todos un empleo seguro, pero ese es un deseo imposible de cumplir, porque el empleo hoy –incluido el de los funcionarios– depende de los mercados, que suben y bajan cada día. Deberíamos buscar una formación –eso depende de uno– segura y no tanto un empleo seguro.

-La familia detiene el golpe del desempleo. -También la necesitamos y la queremos más estable como nunca. Pero al mismo tiempo queremos sexo libre y divorcio exprés.

-Parecen aspiraciones contradictorias. -Son paradojas hipermodernas. Millones de ciudadanos, por ejemplo, temen perder un empleo que, en realidad, no les gusta.

-Tal vez sólo temen perder el sueldo. -Antes nadie esperaba realizarse en su trabajo.

-¿Tenemos más miedo y ansiedad que antes? ] -Sobre todo nos afectan más porque somos más individualistas y los vivimos en mayor soledad. Antes podías ser de la clase obrera más baja, pero tenías una clase, un grupo, una identidad en la que refugiarte. Hoy consumimos toneladas de pastillas.

——

-Hay quien encuentra salidas individuales, pero no colectivas. En los sesenta quien hubiera hablado de su “calidad de vida” habría sido considerado no sólo egoísta, sino ridículo y arcaico.

-¿Esa es nuestra utopía privatizada?  -La “calidad de vida” es la utopía hipermoderna. Una utopía de bolsillo. Se nos pide a cada uno más y más rendimiento, así que la utopía de la “calidad de vida” es lograr – yo sólo y para mí– “lo mejor, aunque sea menos”.

-Me parece una búsqueda inteligente. -Pero imposible: ¿calidad de vida cuando en París lo habitual es tardar dos horas en ir al trabajo y otras dos en volver? Y sólo así cuadran los números de hipoteca y sueldo, otra paradoja hipermoderna. Occidente ha colocado sus valores en el centro del mundo – democracia, derechos humanos, libre mercado–, pero, en cambio, ha sido empujado a la periferia económica por esos mismos países que adoptan sus principios.

© LA VANGUARDIA, 2011.

Fuente: Revista Ñ: http://www.revistaenie.clarin.com/ideas/Paradojas-crisis-Gilles-Lipovetsky_0_606539351.html