“Nunca vivimos, esperamos vivir”

“La esperanza es la principal causa de suicidio”

Con esta frase tan llamativa, el filósofo contemporáneo André Compte-Sponville, nos señala que la gente se suicida sobre todo por decepción, por “esperar” esto o aquello, sea en esta vida o en otra, concluyendo que la vida es “decepcionante” porque no se corresponde a nuestras esperanzas. Si esto es así… ¿el problema está en la vida o en la persona que no puede aceptar que lo que sucede no es lo que esperaba?

¿Es ésta una visión pesimista? Quizás, aunque habría que ir un poco más allá y considerar que lo que nos está diciendo es que a la vida hay que “tomarla ” o “dejarla” tal como es y; como él mismo sostiene: “..dejemos de esperar vivir…y vivamos!”

El estrés que muchas veces padecemos ¿no estará relacionado con nuestras esperanzas?

Quizás en parte… por eso el pensador francés agrega: “…nos pasamos la vida esperando. Cuánta gente se dice por la mañana: que llegue pronto la hora de acostarnos! y, durante todo el año: que lleguen pronto las vacaciones! y durante toda su vida: que llegue pronto la jubilación” y, cuando ya se han jubilado y son ancianos…ay, quien fuera joven!” Lo esencial de su vida ha transcurrido esperando otra cosa, y la última parte de su vida consiste en lamentarse de lo que no han vivido…” En síntesis, con palabras de Pascal: “Nunca vivimos: esperamos vivir”

Sin embargo, éste autor no se queda “paralizado” en esa visión aparentemente negativa sino que, por el contrario dice que hay que vivir efectivamente… “se trata de preferir la vida tal cual es, con sus dificultades, a veces con su partida de horrores, pero también con sus alegrías, con sus amores…” en última instancia aceptar y amar la vida tal cual es en lugar de esperar otra.

¿Acaso no nos pasará lo mismo con las personas? Efectivamente, señala que: “hay que amar a la gente tal cuál es o no amarla. Si amáis a la gente tal como no es, no es a ella a quién amáis, sino a vuestros sueños y no vais a dejar de reprocharle que no corresponda a vuestras esperanzas, generando amargura y resentimiento…” En última instancia, concluye: “se trata de esperar un poco menos y amar un poco más”.

Personalmente creo que a veces el “exceso de optimismo” en la sociedad actual no es inocente sino que es funcional a la sociedad de consumo, pero nos aparta de la verdadera realidad de las cosas. El problema es la “frustración” que genera la imposibilidad de cumplir con todas las expectativas, ya sean propias o sociales y el consiguiente daño emocional que ésta situación implica.

En síntesis… si seguimos “esperando” … a las cosas, a los logros por venir, a que las personas sean en el futuro de una determinada manera… ¿No nos estaremos generando nosotros mismos situaciones de estrés de las que después se nos dificultará salir?

Esa tranquilidad que añoramos cuando sufrimos de estrés, me recuerda una frase que considero una verdadera ayuda para vivir: “La paz comienza cuando las expectativas terminan”

Gustavo Abel Marino Aguirre

Ref. “La feliz desesperanza”, André Compte-Sponville

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