Estrés, autoestima y egoísmo.-

¿Qué es el ego? ¿Es bueno tener autoestima? ¿es egoísta el que la tiene? ¿Acaso no nos enseñaron que lo mejor es ser humildes?

Un reconocido periodista, en un libro muy vendido (1)  expresa que es habitual escuchar en ésta época: “es bueno tener ego, y que sin ego no se llega a nada” y que en general tener un ego muy grande es considerado socialmente como una garantía de éxito. Sin embargo, nos aconseja desconfiar de esa postura y dice que, al contrario de lo que pensamos, “el ego es un amo impiadoso que va esclavizando cada uno de nuestros movimientos, haciéndose dueño de nuestro destino”.

¿Cuál es la verdad? ¿Esto quiere decir entonces que no hay que tener ego? ¿Cómo hago para vivir en esta realidad tan competitiva sin él?

Personalmente creo que nuestro “ego” es una construcción mental, es la idea que tenemos de nosotros mismos en contraposición con los otros y por ello nos ha sido útil para sobrevivir en sociedad. Nos da seguridad y nos defiende de los supuestos ataques  de los demás. Sin embargo, entiendo que la importancia del mismo está muy sobrevalorada en comparación con la idea de la humildad que ya no tiene prensa. Ésta, que había sido considerada antigüamente como una virtud, ahora sólo es vista como un resabio de pautas religiosas y culturales que consideramos buenas para la iglesia, los alumnos, los vecinos, y para todos los demás menos nosotros.

No digo que esto se reconozca abiertamente, sino que, por el contrario, todavía existe una “falsa humildad” que está muy difundida, pero que, en el fondo es mucho menos real de lo que parece y se pone a prueba permanentemente todos los días cuando creemos que somos los únicos dueños de la verdad. Seguramente no es patrimonio nuestro, ya que esto se da en todos los ámbitos en que nos movemos y muy claramente (y desgraciadamente) en la política. Todos decimos o pensamos… que somos humildes, pero cuando discutimos… generalmente “sabemos que tenemos la razón”.

Ahora bien… ¿alguien nos iluminó, nos “ungió” con el poder o la clarividencia para tener la razón?

Yo respondo: “Sí!!”: “nosotros mismos”, nuestro propio ego se encargó de mostrarnos que tenemos la razón… y lo hizo por un motivo muy especial que es el de tratar de “defender” nuestra autoestima… que se “desbarranca” cada vez que se descubre que estamos equivocados y quedamos desplazados por el  que dice lo correcto y demuestra que es  “más inteligente” que nosotros.

Si nuestra autoestima y personalidad la asentamos en la opinión de los demás ¿No será un punto de referencia muy débil? ¿Quién nos asegura que lo que ellos piensan de nosotros no cambie por cualquier motivo?

Poder quebrar esta forma de actuar no es fácil, porque como he expresado, movidos por nuestro “ego”, confundimos nuestras acciones, nuestros pensamientos y nuestras “opiniones” sobre las cosas como parte ineludible de nuestra personalidad, de nuestro “YO”, por lo que debemos defender todo lo que hicimos y pensamos a capa y espada porque “eso” que defendemos se supone que somos nosotros mismos.

¿Es necesario vivir siempre a la defensiva de lo que hacemos o pensamos? ¿No será una de las causas principales del estrés que sufrimos? ¿Qué margen nos queda para vivir sin temor a equivocarnos si pensamos que un error puede tirarnos abajo nuestra autoestima?

Quizás una de las pautas a tener en cuenta para empezar a cambiar esa forma de pensar es darnos cuenta que la imagen que proyecta nuestro ego está íntimamente relacionada con la opinión que creemos que los demás tienen de nosotros y es por eso que actuamos generalmente a la defensiva. Fácil es advertir que si dependemos de lo que piensan o dicen los otros para actuar nos embarcamos en una lucha  “perdida” de antemano.

Sin embargo, creo que hay otra manera, quizás más difícil de llevar a cabo pero 100% posible. Es la de intentar  igualmente “quererse”, “tener autoestima” (“auto-estimarse”, de eso se trata) pero basándose NO en la opinión de los otros sino en la opinión que uno mismo se va forjando de su persona. Para lograr eso hay que buscar con sinceridad en nuestro interior,  analizando el pasado y reconociendo las dificultades, pérdidas y éxitos que hemos tenido, pero sin ser muy exigentes con nosotros mismos y sin comparaciones,  como si lo hiciéramos con un amigo y quizás así, podamos descubrir  que no somos ni tan malos ni tan buenos como creemos.

Si lográramos hacer esto nuestro nivel de estrés y nuestra paz interior mejorará notablemente y  nos habremos olvidado sin querer de la necesidad de seguridad del  “ego” , de tener que actuar “para la tribuna”,  porque en última instancia todos somos parte de lo mismo. Quizás en ese momento también nos demos cuenta que tener autoestima no se opone a ser humilde, sino todo lo contrario.

Pensando en esto me viene a la memoria un viejo proverbio que leí alguna vez en una entrevista y que dice: “Cuando dejes de sentir que eres el rey de la montaña, y te sientas, en cambio, que eres parte de la montaña, entonces, sí, serás un rey”.(2)

Gustavo Abel Marino Aguirre

1.-“El Combustible Espiritual”, Editorial Planeta.

2.-“Los laberintos del sufrimiento”, entrevista realizada por Ignacio Escribano y publicada en “www.Igooh.com” (6/6/07)

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