“Conócete a ti mismo, actúa de acuerdo a ello y aceptarás con naturalidad las consecuencias”

Esta regla refiere a la utilidad que tiene para la vida el llegar a conocer nuestra propia individualidad para luego poder actuar conforme a ella.

Es útil para evitar el “autoengaño” y las “falsas expectativas” sobre nuestro accionar, circunstancia que nos puede ayudar para aceptar con más naturalidad las consecuencias de lo que hacemos.

Para lograr eso, debemos ser consientes que hay aspectos del carácter que son innatos y otros que vamos “adquiriendo” a medida que crecemos y que tenemos ciertas tendencias naturales que van más allá de nuestro razonamiento. Lo importante es no traicionarlas.

“…Siendo un impulso natural, el carácter empírico es en sí mismo irracional; es más sus manifestaciones encima las perturba la razón, y lo hace tanto más cuanto mayor sea la sensatez y fuerza de pensamiento que posea una persona. Porque éstas siempre le muestran lo que le corresponde al ser humano en general en tanto carácter de toda la especie y lo que son las posibilidades de éste a partir de su volición y sus esfuerzos. Debido a éste hecho le resulta más difícil comprender lo que él mismo, conforme a su individualidad, quiere y puede dentro de todo el conjunto de posibilidades. Dentro de si mismo encuentra las predisposiciones para los más diversos esfuerzos y aspiraciones; pero sin experiencia no llega a ver con claridad el grado en que los mismos se encuentran en su individualidad; y aunque se decidiera sólo por las tendencias que son adecuadas a su carácter, no deja de sentir, especialmente para otras totalmente opuestas e irreconciliables con  aquéllas, a las que habrá que reprimir del todo si quiere dedicarse a las primeras sin sentirse perturbado…”

Y más allá de las “ganas” momentáneas de hacer algo también deberíamos actuar conforme nuestra propia experiencia: Por eso el mero querer, y también poder, por sí mismo aún no bastan, sino que un hombre también debe saber lo que quiere, y debe saber lo que puede hacer. Sólo así dará prueba de su carácter, y sólo entonces puede realizar algo con logro. Antes de haber llegado a ese extremo, con indiferencia de las consecuencias de su carácter empírico, de hecho no tiene carácter…”

Se trata de conocerse y “ser uno mismo”: “…Dado que todo el ser humano sólo  es la manifestación de su voluntad, no puede haber nada más erróneo que, partiendo de la reflexión, pretender ser alguien diferente del que se es, porque esto significa una contradicción directa de la voluntad  consigo misma. … el conocimiento de la propia mentalidad y de todas las clases de capacidades personales y de sus límites variables es el camino más seguro para llegar a estar lo más satisfecho que se pueda de uno mismo.”

Esto nos permitirá, luego de actuar sabiendo que se hizo algo sin “traicionarse” “aceptar” las consecuencias de lo que hacemos: “…Porque tanto para las circunstancias interiores como las exteriores es cierto que no hay otro consuelo eficaz que la plena certeza acerca de la necesidad ineludible. Un mal que nos ha afectado no nos atormenta tanto como pensar en las circunstancias que lo podrían haber evitado…”

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