“Cuanto más bienes pretendas tener, más infeliz serás.” (Sobre la relación entre las pretensiones y las posesiones)

Schopenauer sostiene que: “Los bienes que alguien nunca se le había pasado por la cabeza pretender, no los hecha en absoluto de menos, sino que está plenamente contento sin ellos. Otro, en cambio, que posee cien veces más que aquél, se siente desgraciado porque le falta una cosa que pretende. También a este respecto cada uno tiene su propio horizonte de lo que a él le es posible alcanzar hasta donde se extiende y llegan sus pretensiones. Si un objeto cualquiera dentro de este horizonte se le presenta de tal manera que puede confiar en obtenerlo, entonces se siente feliz; en cambio es infeliz si surgen dificultades que le privan de la perspectiva de tenerlo. Lo que se halla fuera del alcance de su vista no ejerce ningún efecto sobre él. Esta es la razón por la cuál el pobre no se inquieta por las grandes posesiones de los ricos, y por la que, a su vez, el rico no se consuela con lo mucho que ya posee cuando no se cumplen sus pretensiones…”

Existe una relación directa entre nuestros deseos de posesión y la felicidad. No importa si somos ricos o pobres ni cuanto dinero tenemos. Nos hace infelices el querer cada vez más cosas, el que no nos alcance nunca el dinero que ganamos.

Schopenahuer dice “…La riqueza es como el agua de mar: cuanto más se beba, más sed se tendrá…”

“No!, no es tan así!”, nos decimos habitualmente:“…el dinero no hace la felicidad, pero ayuda a comprarla...” Ésta frase es ingeniosa y perdura porque evidentemente tiene algo de verdad, pero es una verdad a medias que difícilmente nos ayude a vivir en paz.

Es real si no podemos cubrir nuestras necesidades mínimas y básicas para vivir y es por eso que el mismo autor sostiene que sin una buena salud ni alimentación es imposible siquiera pensar en ser feliz.

Pero, una vez que nuestras necesidades básicas fueron satisfechas, seguimos ansiando  permanentemente tener cosas y temiendo perderlas.

Quizás exageramos un poco. ¿Seremos tan felices si conseguimos comprar “eso” que deseamos? ¿Seremos tan infelices si perdemos “aquello” que tenemos?

Éste filósofo expresa “…Tras la pérdida de las riquezas o de una situación acomodada, tan pronto como se supera aquél primer dolor, el estado de ánimo habitual no suele ser muy diferente del anterior, y esto se debe al hecho de que, una vez que el destino ha reducido el factor de nuestras posesiones, nosotros mismos reducimos en igual medida el factor de nuestras pretensiones. Esta operación es, ciertamente, lo propiamente doloroso en un caso de infortunio: una vez terminada, el dolor va disminuyendo hasta que finalmente no se lo siente más: la herida cicatriza. A la inversa, en un caso de buena fortuna, sube el compresor de nuestras pretensiones y éstas se expanden: esto constituye la alegría. Pero tampoco dura más tiempo del que hace falta para terminar del todo esta operación: nos acostumbramos a la dimensión más extensa de nuestras pretensiones y nos volvemos indiferentes hacia las posesiones correspondientes… La fuente de nuestro descontento se encuentra en nuestros intentos siempre renovados de subir el nivel del factor de las pretensiones, mientras la inmovilidad del otro factor lo impide.

Esta regla no está en contra de los bienes que podemos adquirir. No pregona ni promueve la pobreza o la inactividad. Simplemente nos advierte de la trampa en la que caemos cuando “pretendemos” adquirir algo: sólo será una alegría momentánea. Ese bien que tanto “ansiamos” terminará siendo el “viejo modelo” que despreciaremos cuando aparezca la “novedad”, y así la rueda del deseo y la insatisfacción seguirá.

En definitiva, reconocer que “no es más rico el que más tiene, sino el que menos necesita”

Lo mismo pasa con la angustia y el dolor por la pérdida de lo que tenemos. Es inútil dramatizar y sufrir desmesuradamente. El dolor durará un tiempo, pero si no afecta nuestras necesidades básicas, reduciremos nuestras pretensiones y nos acostumbraremos a esa pérdida.

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2 pensamientos en ““Cuanto más bienes pretendas tener, más infeliz serás.” (Sobre la relación entre las pretensiones y las posesiones)

  1. SI…SI…SI… AUNQUE, QUE DIFICIL ES PONERLO EN PRACTICA UNO MISMO Y MUCHO MAS DIFICIL ES DEJARLE ESA ENSEÑANZA A NUESTROS HIJOS… PERO HAY QUE HACERLO… ES NUESTRA OBLIGACION…

    • Tal cual, Adrián… muy difícil de llevarlo a cabo. Me parece que lo importante es “darse cuenta” de esa trampa…y mucho más que lo puedan ver nuestros hijos… aunque convengamos que todo está armado para que ellos piensen que la felicidad está en “poseer más cosas” . Gracias!

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