“La última utopía de nuestra era hipermoderna es la seguridad”. Gilles Lipovestky

Filósofo y sociólogo francés contemporáneo que se ha especializado en el estudio de la sociedad posmoderna y su problemática (consumo, individualismo, cultura de masas, hedonismo, moda, medios de comunicación, culto al ocio, etc) Profesor  de la Universidad de Grenoble.

En la “Era del Vacío” y en el resto de sus escritos analiza a la sociedad postmoderna, señalando que ese concepto ya no alcanza para definirla y que hoy vivimos una “profundización” del individualismo (hiperindividualismo) que nos trae a la era de la  hipermodernidad.

Extracto del reportaje publicado en Revista Ñ (14-12-11)

-¿Se enfada si le llamo filósofo light?  -No es amable: cada libro me cuesta cinco años de trabajo, pero no me enfado porque ¿qué es light? Lo que antaño se consideraba light –el fútbol, la moda, la publicidad, la tele– hoy mueve más dinero, poder e influencia que la “industria pesada”.

-¿Por qué hoy todo es light?  -Sólo en apariencia: debajo sigue habiendo una realidad muy heavy. En el anuncio de un banco no hay números, sino sólo gente sonriente, flores, niños y perros. Pero si uno no paga la hipoteca dormís en la calle. En cambio, si el banco no paga sus deudas, las acabamos pagando nosotros.

-Debemos aprender que nada es gratis. -Por eso, debajo de todas esas sonrisas light, hay realidades pesadas: desempleo, frustración, pobreza, soledad, miedo. Vivimos la hipermodernidad del miedo. Y mucha ansiedad. Por eso, la última utopía de nuestra era hipermoderna es la seguridad.

-Siempre deseamos lo que no tenemos. -Queremos todos un empleo seguro, pero ese es un deseo imposible de cumplir, porque el empleo hoy –incluido el de los funcionarios– depende de los mercados, que suben y bajan cada día. Deberíamos buscar una formación –eso depende de uno– segura y no tanto un empleo seguro.

-La familia detiene el golpe del desempleo. -También la necesitamos y la queremos más estable como nunca. Pero al mismo tiempo queremos sexo libre y divorcio exprés.

-Parecen aspiraciones contradictorias. -Son paradojas hipermodernas. Millones de ciudadanos, por ejemplo, temen perder un empleo que, en realidad, no les gusta.

-Tal vez sólo temen perder el sueldo. -Antes nadie esperaba realizarse en su trabajo.

-¿Tenemos más miedo y ansiedad que antes? ] -Sobre todo nos afectan más porque somos más individualistas y los vivimos en mayor soledad. Antes podías ser de la clase obrera más baja, pero tenías una clase, un grupo, una identidad en la que refugiarte. Hoy consumimos toneladas de pastillas.

——

-Hay quien encuentra salidas individuales, pero no colectivas. En los sesenta quien hubiera hablado de su “calidad de vida” habría sido considerado no sólo egoísta, sino ridículo y arcaico.

-¿Esa es nuestra utopía privatizada?  -La “calidad de vida” es la utopía hipermoderna. Una utopía de bolsillo. Se nos pide a cada uno más y más rendimiento, así que la utopía de la “calidad de vida” es lograr – yo sólo y para mí– “lo mejor, aunque sea menos”.

-Me parece una búsqueda inteligente. -Pero imposible: ¿calidad de vida cuando en París lo habitual es tardar dos horas en ir al trabajo y otras dos en volver? Y sólo así cuadran los números de hipoteca y sueldo, otra paradoja hipermoderna. Occidente ha colocado sus valores en el centro del mundo – democracia, derechos humanos, libre mercado–, pero, en cambio, ha sido empujado a la periferia económica por esos mismos países que adoptan sus principios.

© LA VANGUARDIA, 2011.

Fuente: Revista Ñ: http://www.revistaenie.clarin.com/ideas/Paradojas-crisis-Gilles-Lipovetsky_0_606539351.html

Zygmunt Bauman: “En la modernidad líquida todo es inestable: el trabajo, el amor, la política y la amistad”

Sociólogo, filósofo y ensayista contemporáneo. Nació en Polonia. Profesor emérito de la Universidad de Leeds (Inglaterra), es uno de los máximos exponentes del pensamiento europeo actual y autor de la teoría de la “modernidad líquida“.

En este reportaje que en parte se transcribe ratifica sus críticas a las consecuencias sociales de la globalización y del consumismo. Los objetos y las personas pasaron a ser “bienes de consumo”. La felicidad ya no es una utopia general sino sólo una búsqueda individual. Jugamos con los objetos y con las personas y cuando nos aburrimos los tiramos o los sustituimos y por eso el consumismo afecta nuestra convivencia. Para pensar…

Sociedad líquida, amor líquido, miedo líquido…

Sí, la modernidad líquida, en la que todo es inestable: el trabajo, el amor, la política, la amistad; los vínculos humanos provisionales, y el único largo plazo es uno mismo.

Todo lo demás es corto plazo.
No se da el tiempo para que ninguna idea o pacto solidifique. Este enfoque ya forma parte de la filosofía de vida: hagamos lo que hagamos es de momento, por ahora.

Nada dura para siempre, ni siquiera el futuro.
Hoy nadie construye catedrales góticas, vivimos más bien en tiendas y moteles.

¿Y por qué lo considera un problema?
Objetos y personas son bienes de consumo, y como tales pierden su utilidad una vez usados. La vida líquida conlleva una autocrítica y autocensura constantes; se alimenta de la insatisfacción del yo consigo mismo.

Nos hemos quedado sin utopías.
La felicidad ha pasado de aspiración para todo el genero humano a deseo individual. Se trata de una búsqueda impulsada por la insatisfacción en la que el exceso de los bienes de consumo nunca será suficiente.

Y llegamos al consumidor consumido.
Hemos trasplantado unos patrones de comportamiento creados para servir a las relaciones entre cliente y producto, a otros órdenes del mundo. Tratamos al mundo como si fuera un contenedor lleno de juguetes con los que jugar a voluntad. Cuando nos aburrimos de ellos, los tiramos y sustituimos por algo nuevo, y así ocurre con los juguetes inanimados y con los animados.

Es decir, otros seres humanos.
Sí, hoy una pareja dura lo que dura la gratificación. Es lo mismo que cuando uno se compra un teléfono móvil: no juras fidelidad a ese producto, si llega una versión mejor al mercado, con más trastos, tiras lo viejo y te compras lo nuevo.

¿Qué efectos tiene en el ser humano?
Una actitud racional para con un objeto es una actitud muy cruel para con otros seres humanos. El consumismo es una catástrofe que afecta a la calidad de nuestras vidas y de nuestra convivencia. Creemos que para todos los problemas siempre hay una solución esperando en la tienda, que todos los problemas se pueden resolver comprando, y esto induce a error, nos debilita.

¿Por qué nos debilita?
Porque nos priva de nuestras habilidades sociales, en las que ya no creemos.

¿Cómo construirse a uno mismo, hallar la felicidad en este mundo líquido?
Hay dos factores que cooperan para modelar el camino de la vida humana, uno es el destino, algo que no podemos cambiar, pero el otro elemento es el carácter.

Ese sí lo podemos moldear.
El destino dibuja el conjunto de opciones que tienes disponible, siempre hay más de una opción. Luego el carácter es el que te hace escoger entre esas opciones. Así que hay un elemento de determinación y otro de libertad.

¿Hay que resistirse para ser libre?
Viviendo en una sociedad de consumidores, resistirse a ser un consumidor es una opción posible pero muy difícil. Por lo tanto, la probabilidad de que la mayoría de las personas decida resistirse al consumismo es una probabilidad muy lejana, aunque todas las mayorías empezaron siendo minorías.

¿Alguna solución individual?
Uno no sólo puede, sino que debe vivir su propia vida y el modelo de vida que le encaje, consciente de las consecuencias y costes que acarrea. Y el problema de mejorar la sociedad, y esta es la respuesta a todas las preguntas futuras que me pueda hacer usted.

¿…?
Se resume en hacer que la sociedad sea más benevolente, menos hostil, más hospitalaria a las opciones más humanas. Una buena sociedad sería la que hace que las decisiones correctas sean las más fáciles de tomar.

Extraído de la Revista Ñ (Clarín) (12/01/12)(http://www.revistaenie.clarin.com/ideas/filosofia/Zygmunt-Bauman-certeza-incertidumbre_0_626337554.html)

“La filosofía empieza donde acaba la terapia, su papel es enseñar a vivir al que no está enfermo” (André Compte Sponville)

Está considerado el filósofo francés contemporáneo más relevante a escala europea. André Comte- Sponville.

¿Cuál es el peor pecado del hombre contemporáneo?

Hay dos grandes pecados que amenazan el mundo de hoy: los pecados de la humanidad –el egoísmo y la cobardía– y los de la modernidad: el fanatismo –un exceso de fe– y el nihilismo, la falta de fe, el que no cree ni respeta nada, ni valores ni ideales ni principios. A nuestra sociedad le faltan generosidad y valor.

Entonces, el mayor enemigo para Occidente…

El fanatismo constituye una amenaza exterior, y el nihilismo, del interior. Pero contrariamente a lo que cree mucha gente, para nuestra sociedad es mucho más grave el nihilismo que el fanatismo.

Tras la sociedad del ocio y la del desencanto…, ¿qué adjetivo adjudica a la actual?

Nos ha tocado vivir en la sociedad desorientada. El rasgo de nuestro tiempo es el desamparo, la inquietud. Y ahora nos da por buscar la solución en nuestro pasado. Un error. Hay gente que habla del capitalismo de los años 60 y 70 como de un paraíso perdido.

¿No fue un tiempo mejor?

En absoluto. Yo viví ese capitalismo y puedo decir que era incluso peor que el de ahora. Miren el nivel de vida hoy, la asistencia, la vivienda…, cada año ganamos tres meses de esperanza de vida.

¿En Francia o en España?

En Francia somos mucho más libres de lo que éramos en los años 60, desde la información hasta las costumbres. Así que debemos dejar de idealizar el pasado. La crisis no es una razón para renunciar a los ideales de progreso, y esos nunca se encuentran en el pasado, están en el futuro.

¿Debería Catalunya aprender del chauvinismo francés?

No creo que tenga mucho sentido el orgullo propio de la nacionalidad. Porque yo no he hecho nada por ser francés ni usted hizo nada por ser catalana. Lo que sí tiene sentido es ser fiel a la cultura que has recibido… y sentir que tenemos el deber de trasmitir esa cultura como condición para que dentro de 50 o 100 años Catalunya o Francia sigan existiendo. Hay un proverbio que repiten mis amigos judíos: no es judío quien es hijo de judíos, lo es aquel cuyos hijos son judíos.

¿Qué se aprende a los 60 que no se haya aprendido antes?

Hay cosas que uno ya intuía y que de golpe resultan obvias. Como la brevedad de la vida. Como dijo Apollinaire, “cuán lenta es la vida y cuán violenta la esperanza”. Antes era muy sensible a “la lentitud” de la vida; ahora que me acerco a los 60 soy mucho más sensible a su “brevedad”.

¿Algo más?

Que tu felicidad cada vez depende más de la de tus hijos. Mi hijo mayor tiene 28 años y ahora sé que la vida de nuestros hijos se hace más valiosa que la nuestra. Y sé que su felicidad no depende de nosotros. Descubres que la vida es más importante que la filosofía y que la sabiduría consiste en amar la vida tal como es.

¿Cuál fue el peor momento de su vida y cómo lo superó?

Primero llegó la muerte de mi madre. Se suicidó. Logré recuperarme más o menos. Pero luego perdí a mi primera hija, murió a las seis semanas de vida… Y eso fue atroz. Me quedó angustia por los que llegaron después, aprendí demasiado pronto que tus hijos también son mortales.

A veces la muerte resulta más difícil que la vida.

Para mí, que soy ateo, la muerte es la nada. Pero lo difícil no es la muerte, lo difícil es morir. La agonía. Con los progresos médicos, demasiadas personas pasan meses de sufrimiento atroz… para nada. Por eso defiendo la eutanasia para quien la quiera.

¿Sigue usted suscribiendo la famosa sentencia freudiana por la cual cualquier educación fracasa?

Una madre pregunta a Freud: “¿Qué puedo hacer para educar a mis hijos?”. Y él le contesta: “Haga lo que quiera, porque no funcionará”. No se hacen hijos para ser feliz. Tener hijos aumenta tu capacidad de amor y también de disgustos.

Si padre y madre no son intercambiables, ¿no acepta otro tipo de familia posible?

Acepto todas las familias que se formen y no me choca moralmente la homosexualidad. Pero si la humanidad ha pervivido durante miles de años es gracias a la heterosexualidad. Para educar a un niños se necesitan dos cosas: el amor y la autoridad.

¿Qué hemos perdido?

Tradicionalmente, el hijo sabe que la madre, pase lo que pase, siempre le amará y que el padre, pase lo que pase, siempre le mandará. Los hombres de mi generación hemos hecho de padres con rasgos de madre, somos más amables, más cool… Creo que en una casa, dos mamás son demasiadas.

Si para los antiguos el filósofo era el médico del alma, ahora que acudimos al psiquiatra, ¿qué papel le queda al filósofo?

El papel de la filosofía es enseñar a vivir al que no está enfermo.

“La filosofía empieza donde acaba la terapia”.

Me gusta decir eso, sí. Algunos amigos psiquiatras me comentan que al final de la terapia sus pacientes se compran uno de mis libros… porque ya pueden tomar las riendas de su vida.

Fuente: La Vanguardia.com (Barcelona, 11-4-11)

André Comte-Sponville : “La verdadera felicidad es el amor a la vida”.

Monsieur Sponville es un señor normal con aire de profesor y aspecto callado que se dedica a enseñar y divulgar asuntos sorprendentes. No se trata de ciencia ficción ni del más allá, sino de algo mucho más terreno: André Comte-Sponville enseña a pensar. (es un filósofo francés contemporáneo de gran éxito editorial)  (Fuente: Reportaje del Diario El Mundo, Suplemento del 10 Abril, nota de Elena Pita)

p.El objetivo de la filosofía, proclama, es la felicidad. ¿Usted lo ha logrado?

R. Depende de los días, como todo el mundo. La felicidad no es un estado definitivo, sino provisional y frágil. Pero puedo decir que soy más feliz gracias a la filosofía, que ni es una panacea ni un euforizante ni un ansiolítico ni una droga, sino una forma de vivir la vida tal como es. Prefiero sentirme cansado o triste que artificialmente alegre, la felicidad no es real si no es lúcida.

P. Es decir, que la felicidad apenas son momentos de placer y alegría, ¿cierto?

R. Uno es feliz si está contento de vivir, incluso en momentos de tristeza o angustia: prefiero estar vivo que muerto, luego soy feliz. La verdadera felicidad es el amor a la vida, y esto incluye los momentos desagradables. Lo sabio es amar la vida y no simplemente la felicidad, porque quien ama la felicidad sólo amará la vida en los momentos de alegría.

P. La felicidad, dice además, es el estado en el que nada esperas, la desesperanza. ¿Y el deseo, no es útil para vivir y amar?

R. El deseo es muy útil, pero no es lo mismo que la esperanza. Como no es lo mismo el apetito (deseo) que el hambre (esperanza): si espero comer significa que no he comido, implica sufrimiento, puedo morir de hambre. En cambio el deseo de comer implica un placer, no un sufrimiento. Lo mismo puede aplicarse a la sexualidad, por ejemplo, si yo espero hacer el amor implica una frustración o carencia, mientras que el deseo sexual alude al placer durante el acto. Se trata de aprender a desear lo que se tiene (o sea, a amarlo) en lugar de esperar lo que no se tiene. Estoy de acuerdo con Spinoza cuando dice que el deseo es el sentido mismo del hombre; si el deseo se acaba, se acaba la Humanidad.

P. Dice que la filosofía nos aporta una felicidad basada en la verdad. Pero ¿la verdad no es siempre subjetiva? ¿Se refiere a su verdad? ¿Qué es la verdad?

R. Sí, efectivamente hay que distinguir entre la verdad objetiva y el conocimiento de uno o su pequeña verdad, pero aunque la verdad nunca se conozca absolutamente, sí lo suficiente para diferenciar entre verdad y mentira, conocimiento e ignorancia. Y este conocimiento nuestro parcial y relativo es suficiente para evitar el sufrimiento. La filosofía conduce a la felicidad a través de la verdad: ser lo más feliz posible siendo lo más lúcido posible; no es una panacea pero ayuda a no sufrir.

P. ¿Es feliz quien más sabe o quien más ignora? ¿El saber no es dolor?

R. Ésa es la fórmula del Eclesiastés de la Biblia: a mayor dolor, mayor sufrimiento. Sí, por un lado es más fácil ser feliz sin la noción de muerte o del sufrimiento en el mundo, como les sucede a los niños. Pero precisamente por esto es tan importante buscar a la vez felicidad y verdad, porque ser feliz a base de fantasías sólo conduce a la desilusión. Entonces, en una primera instancia es verdad que el saber aumenta el sufrimiento, pero precisamente por eso es necesario filosofar: hacer que el saber se convierta en un código de alegría y no de sufrimiento, para lo cual es preciso amar la verdad. En el fondo, la principal virtud filosófica es el amor a la verdad por la verdad.

P. Sabio, dice, es el que nada teme. Usted, que perdió a un hijo, que conoce ese dolor, ¿no teme lo que pueda ocurrirles a sus otros tres hijos, por ejemplo?

R. Sí, por supuesto que tengo miedo, y precisamente por eso no soy un sabio. Me importa más la Humanidad que la sabiduría. El retrato de los sabios en la antigüedad clásica me parece exagerado. Montaigne dice que la sabiduría en exceso no es sino la locura. No deseo una sabiduría que me haga indiferente a la salud de mis hijos. Se trata de amar la vida más que la felicidad, la Humanidad más que la sabiduría, y el sentimiento y la inquietud hacia los hijos es humano. Mi única sabiduría es aceptar que no soy un sabio. La sabiduría no sirve para erradicar la angustia, en todo caso para aliviarla y ayudar a vivir con ella.

P. Dice que la pasión amorosa es sólo la ilusión por lo desconocido. ¿Qué ocurre cuando llegas a conocer al otro? ¿Es inevitable el desamor?

R. No, no, hay una diferencia efectiva entre enamorarse, que supone una ilusión por la persona que se ama y no se conoce, y amar verdaderamente, que es ilusionarse por alguien a quien sí se conoce. La cuestión es conseguir que este amor hacia el desconocido se transforme en amor hacia el conocido, porque cuando esto no sucede, entonces sí, viene el desamor. ¿Qué es un amigo?: alguien a quien se conoce muy bien y pese a ello se ama. Qué es la pareja, dos que se aman y son amigos.

P. ¿Cómo es su experiencia amatoria personal?, ¿conoce ese amor verdadero?

R. Bueno, yo he tenido varias parejas. Desde hace algunos años tengo una relación de la que me siento muy satisfecho, precisamente porque la vivo como una experiencia verdadera, de conocimiento, que a la vez es de alegría, ternura, sensualidad. No puedo esperar más. La cuestión es, si uno prefiere amar a quien no conoce, no está sino amándose a sí mismo.

P. Se define “ateo fiel”. ¿Hacia quién o qué profesa esta fidelidad?

R. En general, soy fiel a la Humanidad, que ha producido lo mejor que conocemos, Buda, Lao-Tse, etcétera. Pero en particular soy fiel a la civilización judeocristiana, porque es la nuestra. Soy ateo porque no creo en Dios, pero fiel: considero que el valor moral del cristianismo, el espíritu de los Evangelios, continúa siendo esencial y esclarecedor. Lo que la Iglesia haya hecho a partir de esto es discutible, pero no el contenido humanístico evangélico.

P. De hecho, sus nociones de verdad, su proclama de amor a los enemigos (Bush incluido), ¿no son axiomas judeocristianos?

R. No exactamente. Lo que pretendo es reconocer que el hombre tiene enemigos y que, al contrario del cristianismo, no creo que haya que renunciar al combate, pero digo: en lugar de odiarlos, intenta amarlos. Admiro al que se bate sin odio, como aquel francés fusilado por los nazis que ante el pelotón de fusilamiento proclamó: muero sin odio al pueblo alemán. Es admirable. Yo reconozco que hay odio en el corazón humano, y el evangelio no.

P. Dice que la filosofía debe tomar el relevo de las religiones. ¿Explica esto el creciente interés por la ética?

R. No. Cuanto menos religiosos somos más necesitamos la filosofía y la ética. Una religión es un conjunto de respuestas y de convenciones, cuando esto desaparece es necesario buscar respuestas, que es lo que llamamos filosofar, y además uno necesita interrogarse sobre sus propios deberes: si no hay Dios al que obedecer, deberé gobernarme a mí mismo.

P. “Las religiones se nutren de la miseria”, le leo: ¿el hombre ético es más sabio y más rico que el hombre religioso?

R. Depende del individuo. No, yo diría que el ateo tiene una necesidad más urgente de filosofía y sabiduría, porque ayuda a vivir lo mejor que uno pueda, aquí y ahora. El creyente, como piensa que lo esencial llegará después de la muerte, no necesita ser sabio porque espera una salvación tras la muerte.

P. La religión, la fe, ¿es la aceptación de la ignorancia?

R. No, ésta no corresponde ni a la religión ni al ateísmo. La ignorancia es inherente a la condición humana: nadie sabe si Dios existe o no. Yo soy ateo porque creo que Dios no existe, pero no lo sé; de ahí que me defina como un ateo fiel y además no dogmático. Mi ateísmo no es una certeza sino una creencia negativa. Y lo mismo: el creyente es el que cree que Dios existe. Por tanto, ateos y creyentes deben tolerarse mutuamente, porque nadie conoce la verdad sobre este extremo.

P. Los fundamentalistas sí “saben” que Dios existe, están seguros.

R. Pero se equivocan. Yo diría que creen saber que Dios existe, que no es lo mismo. Según la teología cristiana, la fe no existirá en el paraíso, no habrá necesidad de creer en Dios porque se le conocerá. Esto quiere decir que la fe no es un saber, sino una necesidad para paliar su carencia. Creer en Dios, pues, no es lo mismo que saber que Dios existe.

P. ¿Y usted cree en algo parecido al paraíso?

R. No. Yo soy partidario de disfrutar de la vida. Como alguien escribió tan acertadamente en un muro de París: “Hay una vida antes de la muerte”.

P. ¿Y después, qué más?

R. Na-da (en castellano). O sea, lo mismo que antes del nacimiento. Es un argumento bien conocido de la tradición materialista: a nadie le da miedo pensar dónde o qué era antes de ser concebido, entonces qué sentido tiene temer la misma nada después de la muerte.

P. ¿Cree que después de escucharle hemos aprendido a vivir mejor?

P. No soy un psicoterapeuta ni un confesor, mi trabajo consiste en enseñar a la gente a pensar, que es el objetivo de la filosofía, y sí, espero que después de haberme escuchado o leído la gente piense un poco mejor y entonces viva un poco mejor.

“El saber filosófico debe ayudarnos a vivir”.(Reportaje a Luc Ferry en Revista Noticias)

Cuando Luc Ferry publicó “Aprender a vivir. Filosofía para mentes jóvenes” produjo una verdadera revolución. En menos de dos meses se vendieron en Francia más de 100.000 ejemplares, una cifra insólita para un libro que sintetiza las diferentes formas de ver el mundo desde los griegos a los filósofos contemporáneos. El fenómeno resulta aún más curioso si se tiene en cuenta que este libro está destinado fundamentalmente –aunque no de forma exclusiva– a los adolescentes, de quienes se supone que están más interesados en vivir la vida que en reflexionar acerca de ella.

¿Qué fue lo que convirtió en best-seller a un libro que trata sobre una materia que a priori se considera ardua? El lenguaje que evita deliberadamente la oscuridad y la cita erudita fue, sin duda, un punto a favor. Pero quizá lo más significativo sea el hecho de que Ferry no plantea la filosofía como una mera reflexión sobre el mundo, sino como un saber capaz de ayudarnos a vivir mejor. Al igual que una llave inglesa o un martillo, el pensamiento filosófico tiene para él un valor instrumental, es una herramienta y, como tal, “se usa” en el día a día. Para qué sirve la filosofía y de qué forma nos puede ayudar a vivir es el tema fundamental de esta entrevista con Ferry, un hombre que conoce bien a los adolescentes por haber sido ministro de Juventud, Educación e Investigación de Francia entre el 2002 y el 2004. Filósofo y punto de referencia de la cultura de su país, es también un defensor de la filosofía como saber práctico que conviene llevar bien a mano en el bolsillo o en la cartera para enfrentar cualquier ataque de angustia existencial.

Noticias: Contrariamente a lo que afirman todos los manuales, para usted la filosofía no es meramente el asombro y la reflexión, sino que tiene un sentido práctico. ¿Cuál es, específicamente, ese sentido práctico? ¿De qué forma la filosofía puede ayudarnos a vivir?

Luc Ferry: Hoy casi todos los profesores de filosofía, cuando se les pide que definan la filosofía, siempre dicen que es la reflexión, lo explicativo, la argumentación. Y dicen, además, que su objetivo en la escuela es que los alumnos aprendan a reflexionar, a pensar por ellos mismos. Lo que yo digo en mi libro y lo que creo desde hace mucho tiempo es que la filosofía no tiene nada que ver con todo esto. Es cierto que se relaciona con la reflexión y con la argumentación, pero también ustedes, los periodistas, reflexionan en su profesión y, sin embargo, no son filósofos. Una madre de familia reflexiona y argumenta con su marido y con sus hijos. También reflexionan y argumentan los políticos, los biólogos, los escritores, los artistas. Todo el mundo lo hace. Por lo tanto, la reflexión y la argumentación no pueden servir como definición específica de la filosofía. Si le hubieran dicho a Spinoza o a Nietzche que la filosofía era la reflexión y la argumentación se hubieran caído al piso. (Risas)

Noticias: ¿Y entonces qué es?

Ferry: Desde que la inventaron los griegos, en el sigo VI a.C., consiste en la búsqueda de la sabiduría. ¿Y a qué se le llama “sabiduría” en filo-sofía, qué es la “sophia”? La sabiduría se da, en verdad, en el momento de la vida en que somos capaces de vencer los miedos que nos impiden vivir, que nos restringen. Hay diferentes miedos: miedo social, miedos psíquicos como las fobias, el miedo a la oscuridad o a quedarnos encerrados dentro del ascensor, el miedo del amor.

Noticias: ¿Qué es el miedo del amor?

Ferry: Frecuentemente es más que el miedo por uno mismo, el miedo por los otros: el miedo por nuestros hijos, el miedo por nuestros padres que van a morir. La idea de los griegos que va a atravesar toda la filosofía hasta Nietzche y Heidegger es que el sabio es aquél que ha triunfado en la tarea de no sentir miedo, aquél que ha logrado remontarlo.

Noticias: ¿Por qué se identifica la pérdida del miedo con la sabiduría?

Ferry: Porque cuando uno ha vencido el miedo, se ha salvado, ha logrado la salvación. Y cuando se ha logrado la salvación se puede acceder a la vida buena. ¿Qué significa este triunfo sobre el miedo? Significa la libertad y la generosidad.

Noticias: ¿Por qué?

Ferry: Fíjese, cuando uno tiene miedo, -y yo, como todo el mundo, también lo tengo- se vuelve totalmente egocéntrico, totalmente cerrado a los otros, menos capaz de amar y pierde todo tipo de libertad de espíritu porque está preocupado, precisamente, por el miedo. La idea de los griegos era que la sabiduría es la serenidad que proviene del hecho de no tener miedo. El sabio es libre porque ha perdido el miedo y puede amar a los otros porque es libre.

Noticias: ¿Entonces tanto la religión como la filosofía serían doctrinas de la salvación?

Ferry: Sí, la única diferencia es que en la religión podemos ser salvados del miedo por la fe y por Dios, mientras que en la filosofía nos salvamos del miedo por nosotros mismos y por la razón. Si somos creyentes, no tenemos necesidad de la filosofía. (Se ríe.) Pero si no somos creyentes, tenemos las grandes filosofías con las grandes respuestas. Sin embargo, hoy la mayor parte de los profesores de filosofía les dicen a los alumnos que lo importante es plantearse las preguntas, no tener las respuestas.

Noticias: ¿Para usted la pregunta filosófica carece de importancia?

Ferry: La pregunta filosófica es de una inmensa banalidad, no tiene ningún interés. ¿Cómo remontar el miedo y llegar a la serenidad, a la sabiduría? Es una pregunta trivial, la misma que se plantea la religión. Lo que es genial es la respuesta. Hay cinco o seis respuestas geniales: la de los estoicos, la de la filosofía cristiana, la de los humanistas laicos como Rousseau, la respuesta de Nietzche o Heidegger. Estas respuestas sí son grandiosas, no las preguntas.
FUENTE: Revista Noticias nro.1588, Reportaje de Mónica Lopez Orcón.

Los Reyes Magos regalan libros de Schopenhauer –

08-01-2008 – Diariocrítico

Universidad de Alcalá de Henares

Los Reyes Magos regalan libros de Schopenhauer

La Universidad de Alcalá de Henares ha regalado un libro a sus alumnos por el día de Reyes, El arte de ser feliz. En total se han editado 20.000 ejemplares de una de las obras más olvidadas de Schopenhauer.

La Universidad de Alcalá ha regalado un libro a sus estudiantes con motivo de la Festividad de Reyes, El arte de ser feliz, del filósofo alemán Schopenhauer. El vicerrector de Estudiantes y Promoción de la UAH, José Luis Lázaro, ha hecho entrega de los regalos al presidente del Consejo de Estudiantes, Luis Gómez, en el Patio de Santo Tomás de Villanueva, en el Colegio de San Ildefonso.

El arte de ser feliz es una auténtica joya hasta ahora inexplicablemente escondida en el Iegado de Schopenhauer.

Una explicación de semejante olvido estaría en el hecho de que no resulta grato buscar consejos sobre la felicidad entre las advertencias de un maestro del pesimismo. Dentro del sombrío horizonte que determinó la imagen de Schopenhauer, su esbozo de un arte de ser feliz estaba casi inevitablemente condenado a ser pasado por alto; y el hecho de que Schopenhauer recopilara en algún momento apuntes, máximas y reglas para la vida explícitamente con miras a la redacción de un tal tratado no pudo contrarrestar el descuido. Incluso el éxito tardío de los Aforismos sobre la sabiduría de la vida, que muestran la compatibilidad del pesimismo metafísico con los esfuerzos por llevar una vida feliz, apenas contribuyó a que se prestara atención a su breviario para la vida feliz.

Schopenhauer
Filósofo alemán conocido por su filosofía del pesimismo, nacido en Danzig (ahora Gdansk, Polonia) el 22 de febrero de 1788, Schopenhauer estudió en las universidades de Gotinga, Berlín, y Jena.

Se instaló en Francfurt del Meno, donde llevó una vida solitaria y se volcó en el estudio de las filosofías budista e hinduista y en el misticismo. También estuvo influenciado por las ideas del teólogo dominico, místico y filósofo ecléctico alemán Meister Eckhart, del teósofo y místico alemán Jakob Boehme, y de los eruditos del renacimiento y de la Ilustración.

En su obra principal, El mundo como voluntad y representación (1819), proponía los elementos éticos y metafísicos dominantes de su filosofía atea y pesimista. Schopenhauer, en desacuerdo con la escuela del idealismo, se opuso con dureza a las ideas del filósofo alemán Georg Wilhelm Friedrich Hegel, que creía en la naturaleza espiritual de toda realidad. En su lugar, Schopenhauer aceptaba, con algunas reservas, la teoría del filósofo alemán Immanuel Kant, de que los fenómenos existen sólo en la medida en que la mente los percibe como representaciones.

Los 20.000 ejemplares que ha editado la Universidad de Alcalá ha estado cofinanciados por el Banco Santander.

Diario Crítico, España (8/01/08)

Para más información: Los Reyes Magos regalan libros de Schopenhauer – Diariocrítico de la sociedad, cultura y ocio – Educación.